Nos reunimos el último martes de cada mes para comentar el libro que hemos leído y compartir un rato de charla y una buena cena.
LECTURAS 2017/2018
26 SEP 17 Manual para mujeres de la limpieza - Lucía Berlin
30 OCT 17 Patria – Fernando Aramburu
21 NOV 17 24 horas en la vida de una mujer – Stephan Zweig
19 DIC 17 La calle de la judería - Totti Martinez de Leza
30 ENE 18 Demonios familiares – Ana Mª Matute
27 FEB 18 Media vida – Care Santos
20 MAR 18 El blog del Inquisidor - Lorenzo Silva
24 ABR 18 Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido – Paloma S. Garnica
29 MAY 18 El domingo de las madres – Graham Swift
26 JUN 18 Ojo de pez - Antonio J. Ruiz Munuera
jueves, 26 de enero de 2017
lunes, 19 de diciembre de 2016
Mi enemigo mortal de Willa Cather
Últimas noticias...
¿Tiene el marido de Myra aventuras con jovenzuelas?
¿O es un fiel marido ?
Podríamos decir de Mi enemigo mortal que se tarda dos horas en leerlo y cinco minutos en olvidarlo.
Una película en blanco y negro, total una libro de historietas , entretenido pero sin un gran valor literario.
Frases a destacar:
“Cuando la bondad abandona a las personas aún siendo un instante, empezamos a tenerles como si también hubieran perdido la razón.”
“Su principal extravagancia consistía en querer a demasiadas personas y en quererles demasiado.
Puntuación: 5.35
Como siempre el libro es una buena excusa para pasar un buen rato y más si hay regalos imaginables, una apetitosa cena y una inmejorable compañía.
FELIZ NAVIDAD
domingo, 6 de noviembre de 2016
HEADHUNTERS de Jo Nesbo
HEADHUNTERS O CAZA TALENTOS
Juan Ernesto
Mª Josefina
Mariajo
Carmen
Lindy
Alicia
Inma
Loli
JO NESBO
Un autor polifacético , que ha sido taxista, músico de
rock, economista, jugador de fútbol, , corredor de bolsa y escritor. Creador de
la Fundación Harry Hole para enseñar a leer y escribir a los niños del tercer
mundo.
No le gusta tener contacto con su lectores para no que
no lo influyan, cuando escribe se encierra, para no tener influencia exterior.
Este libro lo escribió solo en tres meses.
Posee una gran agilidad para cambiar de escenario ,
con un lenguaje muy descriptivo, que nos hace hasta sentir el asco, el olor a la letrina,
repugnancia. Describe tan detalladamente que puedes percibir
olores y sensaciones.
Cierra la historia con un giro inesperado, un final
feliz.
Puntuación: 6,8
Es el miedo no el dolor, el que te vuelve dócil.
EL AMANTE JAPONÉS
Amantes: Juana, Mª Josefina, Juan Ernesto, Nuria, Mariajo, Alicia,
Loli, Mª Carmen,
Carmen.
La autora , Isabel Allende, no se traza un plan inicial, su lema es
dejar volar a la imgainación.
Cada 8 de ene empieza un libro y escribe durante lo que dura en
apagarse una vela.
El amante japonés es una novela entretenida que no te hace pensar
mucho, una novela de verano.
En esta novela también tiene a su Moni particular, pero en el libro se
llama Neko (Gato en japonés). Creo que le pondré ese nombre al próximo gato.
Es una novela de amor, amor incondicional, amor por protección, amor
secreto, amor prohibido.
Como telón de fondo nos presenta una vejez muy suave, muy tierna,
independiente.
Empezamos a envejecer en el momento de nacer, cambiamos día a día. La
vida es un continuo fluir, evolucionamos.
Puntuación: 7.57
sábado, 3 de septiembre de 2016
25 contundentes, convincentes y cautivantes palabras con la C
La letra C y la G tienen el mismo origen: la gimel de los fenicios, árabes y hebreos. Su forma derivaría del jeroglífico egipcio con forma de honda. En los textos latinos tempranos, la C, la K y la Q se usaban para los sonidos /k/ y /g/. La C es también la nota do en notación anglosajona y la velocidad de la luz en física.
Es la décima letra más frecuente en español y está presente en un 4,68% de las palabras, incluidas algunas tan bonitas como las que siguen a continuación:
Cachopo. Tronco seco y hueco de árbol. Efectivamente, ninguna mención alfilete empanado con queso típico de Asturias y en los últimos años tan popular como el vermut y el gintonic con ensalada. Una nueva prueba de que en ocasiones el diccionario va muy por detrás de la sociedad.
Cacoquimio, mia. Dicho de una persona: Enferma de tristeza. En medicina, también es la caquexia (o desnutrición extrema).
La variedad de estaturas más bien indicaba los grados de robustez o cacoquimia que los años transcurridos desde que vinieron al mundo. El mal comer y el peor vestir pasaba sobre todos un triste nivel.
La desheredada, de Benito Pérez Galdós.
Cacosmia. Término médico para el olor fétido, por un lado, y para la alteración del sentido del olfato, que causa una percepción anormal de los olores, por otro.
Cadejo. Parte del cabello muy enredada que se separa para desenredarla y peinarla. También es una madeja pequeña de hilo o seda, o un conjunto de muchos hilos para hacer borlas u otras obras de cordonería. Se trata de un cruce de cadarzo y madeja. También es un animal legendario de Centroamérica, que sería un perro grande y fantasmal.
Caganidos. Es el último pájaro nacido en la pollada y, por asimilación, el hijo último de una familia. También es una persona enclenque o raquítica.
Camandulero. Hipócrita, astuto, embustero y bellaco.
Camastrón, na. Persona disimulada y doble que espera oportunidad para hacer o dejar de hacer las cosas, según le conviene.
Francisco Umbral escribía en El PAÍS en 1982 con motivo de la nueva legislación laboral: “La reducción de la jornada laboral a cuarenta horas semanales no supone que esto vaya a ser un socialismo camastrón y un relajo”. Y añadía, en una frase aún válida hoy en día: “Bastan menos horas si se trabaja de verdad, con lo que no sólo habrá mejorado el producto bruto nacional, sino también la conciencia, la estructura ética del trabajador”.
Carrancudo. Cuellierguido, tieso de carácter, orgulloso.
Catacaldos. Persona entremetida. También, persona que emprende muchas cosas sin fijarse en ninguna.
Cazcalear. Andar de una parte a otra fingiendo hacer algo útil.
Cenaoscuras. Persona huraña y también persona que por tacañería se priva de las comodidades regulares.
Algunos decían que su aspecto era siniestro, pero sería más acertado decir que en su cara representábase diáfanamente el cenaoscuras que estaba hecho.
Fabulosas narraciones por historias, de Antonio Orejudo.
Chilindrina. Cosa de poca importancia. Anécdota ligera, equívoco picante, chiste para amenizar la conversación. También, chafaldita, que es una pulla ligera e inofensiva. (Esta vale doble).
Chundarata. Música estridente y bulliciosa. De origen onomatopéyico, claro.
Cibera. Residuo de los frutos después de exprimidos. También la porción de grano que se echa en la tolva del molino para cebar la rueda y la simiente que puede servir para mantenimiento y cebo.
Ciegayernos. Cosa de poco valor que aparenta tenerlo grande.
Cirigaña. Adulación, lisonja o zalamería.
Clisos. Ojos. Del caló clisos, que vendría de clisarse, “mirar fijamente” y este de eclipsarse.
Yo, por lo pronto, estoy excitadísima con el futuro que se ha abierto de repente ante estos clisos que se ha de comer el móvil.
Luz Sánchez-Mellado en un artículo publicado en octubre de 2014.
Cócora. Persona molesta e impertinente en demasía.
Colana. Trago de vino o de licor. De colar, cuya quinta acepción es “beber vino”.
Combluezo. Enemigo, contrario, rival en amores.
Conticinio. Hora de la noche, en que todo está en silencio.
Crencha. Raya que divide el cabello en dos partes. Cada una de las partes en que queda dividido el cabello por una crencha.
Cuajaenredos. Persona chismosa, mendaz e intrigante.
Cuchipanda. Comida que toman juntas y regocijadamente varias personas.
Ahora el escenario no es una taberna, sino el jardín con estanque de Tusquets, donde la editorial ha tenido la peligrosa idea de montar una cuchipanda de mediodía, con acopio de vinos espectaculares y enólogos de caché.
La verdad de Agamenón, de Javier Cercas.
Cuodlibeto. Discusión sobre un punto científico elegido al arbitrio del autor. Su segunda acepción parece estar escrita para Twitter: Dicho mordaz, agudo a veces, trivial e insulso las más, no dirigido a ningún fin útil, sino a entretener. Y aún tiene una tercera: Uno de los ejercicios en las antiguas universidades, en que disertaba el graduando sobre materia elegida a su gusto.
domingo, 26 de junio de 2016
César Aira: “Leyendo novelas no se aprende nada” FUENTE EL PAIS
César Aira (Coronel Pringles, 1949) apenas concede entrevistas en su país. “Me absorbían mucho y corté con todo”, explica. “Así me hice una fama de ermitaño y malo, que no lo soy”. Aira está en Madrid para presentar la biblioteca de autor que Literatura Random House acaba de dedicarle y que incluye títulos como Las noches de Flores, Episodios en la vida del pintor viajero o El cerebro musical. Él corresponde sometiéndose a un tercer grado: “Lo hago porque me siento culpable con los editores. No soy buen negocio para ellos”.
PREGUNTA. ¿Qué le parece tener una biblioteca con su nombre?
RESPUESTA. Está bien. Me da prestigio, me pone a la altura de qué sé yo… Saramago [ríe]. Me hincho de orgullo.
P. La biblioteca coincide con su libro Sobre el arte contemporáneo. ¿Qué puede aprender un escritor de un artista como Marcel Duchamp?
R. La fascinación por Duchamp me vie- ne de que su obra es de interpretación inagotable. También de su juego de ideas. Tiene esa mezcla rara, y ese es uno de sus enigmas, entre intelectualidad y dadaísmo.
P. ¿Y qué sale de esa mezcla?
R. Un mecanismo por el que las ideas de un intelectual inteligente mutan en juegos sin lógica.
P. ¿Cuál sería el equivalente literario de Duchamp?
R. Podría ser Borges, aunque Borges no tenía ese costado dadaísta. El suyo es un juego de la inteligencia transparente. Para empezar a escribir yo necesito una de esas ideas como las de Borges: el hombre que lo puede recordar todo, el punto donde se reflejan todos los puntos del universo. Las mías son más modestas: una escalera por la que cuando se sube se baja… Necesito una idea que me desafíe a desarrollarla en un relato convencional pero partiendo de algo que no lo sea. Se lo pongo fácil al lector: ya que el fondo es difícil, la superficie debe ser clara.
P. ¿Cómo establece el recorrido argumental de una idea? Algunas podrían dar de sí el doble o la mitad.
R. El relato tiene que tener un marco, y el mío es de alrededor de 100 páginas. No proyecto nada, el argumento se va armando solo. A veces, cuando paso a la computadora lo que escribo, voy mirando el contador. Con 20.000 palabras ya sale un librito.
P. ¿Escribe a mano?
R. No solo a mano sino dibujando. He llegado a cierto fanatismo en eso. Cuando veo en la pantalla una palabra que quiero cambiar, la sustituyo también en el cuadernito.
P. El arte ha asumido la revolución de Duchamp, pero la literatura sigue siendo muy tradicional.
R. Si uno ve los experimentos que se hacen en las artes plásticas o en la música se da cuenta de que la literatura tiene un sustento tradicional del que no puede salir sin volverse otra cosa. En realidad, lo que yo escribo, aunque me tachan de vanguardista, es bastante convencional. En la forma, quizás no tanto en los contenidos.
P. Otro de sus referentes, Raymond Roussel, inventó un mecanismo para generar relatos que a usted le parece un buen método “contra la miseria psicológica”. ¿La psicología le parece miserable?
R. Yo no uso ningún procedimiento para generar relatos, aunque hay algo de eso en la improvisación. Así me evado de la psicología. Ahora veo mucha narrativa de jóvenes tan satisfechos consigo mismos que consideran que exponer sus opiniones y sus gustos es suficiente. No necesitan aprender la técnica ni molestarse en las descripciones y diálogos. Creo que eso viene de algo tan material como el ordenador, que exige escribir a toda velocidad. No da tiempo para la invención y tienen que recurrir a su maravillosa experiencia.
P. ¿Se refiere a la autoficción?
R. Algo así. Somos lo que escribimos. Salimos de una clase media más o menos acomodada y nuestras vidas se han vuelto cuentos de hadas. Se nos han solucionado todos los problemas. No tenemos más que exponer lo felices que somos.
P. Su novela Las noches de Flores no parece precisamente un cuento de hadas sobre la crisis argentina.
R. Me dejé llevar. Haciendo tantos experimentos, tanta cosa distinta, uno termina escribiendo incluso una novela con intención social, como podría parecer esa.
P. ¿La literatura no tiene utilidad social?
R. Si es literatura como arte, no. Los únicos libros que tienen utilidad social son los best sellers, que están llenos de información. Si alguien quiere aprender con las novelas, que lea best sellers. La literatura no te enseña nada más que el placer, el mismo placer que mirar Las meninas. Uno no aprende nada sobre Velázquez.
P. ¿Y sobre uno mismo?
R. ¿Escribiendo?
P. Y leyendo.
R. Escribiendo sí porque se ponen en claro las ideas, que generalmente son confusas. Cuando uno las escribe comprende que no es tan inteligente como creía. Leyendo no se aprende nada, pero se afina la inteligencia, el gusto, pero a quién le interesa refinarse si para tener éxito hay que ser todo lo contrario.
P. ¿Un libro no debe tener pretensiones políticas?
R. No. Si alguien usa la literatura como vehículo para transmitir ideologías le está haciendo un disfavor. Si quieres exponer tus ideas sobre el deterioro ambiental ya tienes Facebook y los diarios. Si no, estás buscando el prestigio de la literatura traicionando a los que le dieron ese prestigio sin usarla como vehículo: Kafka, Proust...
P. Parece tenerle un gran respeto a la literatura, pero su obra parece una broma enorme.
R. No lo veo contradictorio. Siempre pensé que a cierta edad lo mío sería la elegante melancolía. Hago todo lo posible, pero lo que escribo no me sale ni elegante ni melancólico. Me sale el juego. Tengo una veta infantil fuerte. Si tuviera que definirme diría que escribo libros infantiles para adultos, juguetes literarios para adultos que hayan leído a Lautréamont.
“Hay mucha industria literaria y poca historia de la literatura. Todo se estancó. Se escriben buenas novelas, ¿y qué?”
P. Alguna vez ha dicho que le interesa más lo nuevo que lo bueno. ¿Lo nuevo no caduca?
R. Había trampa: lo nuevo también tiene que ser bueno. La apuesta del escritor es que lo que hace cambie algo. Hay mucha industria literaria pero poca historia de la literatura. Nada cambia, todo es marcar el paso. Se siguen escribiendo buenas novelas, incluso buenísimas novelas, ¿y qué? Todo se estancó. Se estancó en lo bueno.
P. ¿Quiénes fueron los últimos que cambiaron algo?
R. Kafka, Borges.
P. En El congreso de literatura se propone clonar a un genio y elige a Carlos Fuentes. ¿A quién clonaría hoy?
R. A Vargas Llosa. ¡Un ejército de Vargas para conquistar el mundo! Lo de Fuentes lo hice con cariño, era buen amigo. Me devolvió la broma haciendo que me dieran el Premio Nobel en una novela suya.
P. Si se lo dieran le harían una faena. Adiós a su reputación.
R. Lo aceptaría por la plata. Este año estuve finalista en un premio y empecé a gastar imaginariamente. Cuando no lo gané me sentí tan pobre... Pero entiendo que no me den premios. Los que los dan tienen que justificar que los conceden porque el autor trabaja por los derechos humanos. ¿Qué iban a decir de mí? ¿Que me lo dan porque soy bueno? Eso no se ha hecho nunca.
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